Coleccionar cámaras de fotos, la pasión de Paúl Rivas

Coleccionar cámaras de fotos, la pasión de Paúl Rivas
FOTO: Redes Sociales



En un gran aparador hay espacio para más de tres docenas de cámaras de fotos. Las que ya ocupan este gran vitral están ordenadas por años.

La primera cámara del fotógrafo Paúl Rivas fue una Yashica,  de rollo, que le enseñó a usar su "angelito", como llama a su papá, quien falleció años atrás; ambos perfeccionaron el arte. Desde pequeño, Paúl le acompañó a fotografiar deportes, que fue en lo que se especializó su padre. 

Las más de 40 cámaras fotográficas sobresalen en el el dormitorio del fotógrafo Paúl Rivas, de 45 años, quien se encuentra secuestrado desde el pasado 26 de marzo por alias Guacho en la frontera norte, junto al conductor Efraín Segarra y el periodista Javier Ortega

La cama está tendida, el piso brilla y en todos lados hay fotos de su hija Carolina, colocadas en portarretratos de la Liga Deportiva Universitaria de Quito, del cual es hincha. 

Carolina también ama la fotografía. Recuerda que recién hizo un proyecto fotográfico junto a su padre. Los ojos se le iluminan cuando recuerda la felicidad de Paúl al saber que compartirían su oficio. Le pidió traer su cámara. Probó con muchos lentes. Su hija tiene también una cámara Canon,  pero "semiprofesional, no como la de mi papá", advierte Carolina. La joven de 22 años detiene el relato, se queda estática. Baja la mirada, respira y toma fuerzas. "Papi, estoy fuerte por ti", exclama.

Familia de Paúl Rivas sueñan con el día que regrese a casa

En el armario, Paúl pega todos los recuerdos de sus coberturas periodísticas. Lleva más de 20 años en El Comercio y esos stickers, ubicados estratégicamente en ese lugar, ocupan ya 12 filas. Hablan por sí solos. Hay  imágenes de ruedas de prensa, marchas, coberturas de fútbol, tenis, Asamblea, Presidencia, cumbres nacionales e internacionales. Todos esos acontecimientos, o quizá muchos de ellos, con seguridad  recogió en un solo día. Así es la vida del fotoperiodista que puede estar en más de cinco lugares a la vez. Captan momentos; recogen historias.

En una pared blanca de la casa sobresale una foto de Paúl. En esa imagen tiene 5 años,  pero describe totalmente su personalidad adulta. Está junto a una pelota de fútbol en el estadio de LDU. Sonríe, con picardía, como lo hace siempre. Esa es la característica más importante de su vida, y quienes lo conocen, lo recuerdan como el "bromista", pero ante todo optimista, y al hincha y jugador de fútbol de las ligas barriales. 

Junto a su foto de niño está la imagen de la Virgen Dolorosa. A ella se aferra, desde el pasado 26 de marzo, su madre Guadalupe. Siente pálpitos. Quiere que vuelva ya. Intenta mantener la calma, pero a ratos se desmorona. "El corazón de la madre no engaña", dice. Cuenta que Paúl es "gabrielino". Estudió en el colegio San Gabriel  y por ello el amor que tienen en esa casa a la virgen Dolorosa. Guadalupe regresa a ver la imagen. Llora. "Hijo mío te llevo en el corazón", dice.

El domingo 25 de marzo, un día antes de viajar a Esmeraldas, almorzaron en familia. "Coma, coma, Lupita, langostas, quién no le dice que será la última cena", bromeó, ante los insultos y reparos de toda su familia, recuerda su novia Yadira Aguagallo. Prometió regresar para el cumpleaños de ella el 2 de abril. Ese día no llegó. Ella lo celebró en la octava vigilia en la Plaza Grande. Llevó una vela encendida y gritó hasta quedarse sin fuerzas: "#NosFaltan3". Este mes es especial para la familia Rivas Bravo, el 25 de abril, Paúl Rivas cumple 46 años. Sueñan con una gran fiesta.

La tarde de ese 25 de marzo también estuvo su hermano Ricardo, sin imaginar que un día después la vida le cambiaría. Acude a las vigilias todas las noches a la Plaza Grande, realiza entrevistas, imprime carteles, pide ayuda en organismos humanitarios, recorre el país, viaja por fuera... Ricardo está al frente. Ricardo no volvió a sonreír: #NosFaltan3. A las familias Rivas, Segarra y Ortega les une un deseo: "Qué vuelvan pronto" y para conseguirlo están unidas. 

La casa de Paúl está obscura. Se intranquilizan ante una llamada de teléfono, saltan cuando el timbre suena, esperan noticias. Se dan ánimo, se reconfortan, abrazan muy fuerte a quien se les acerca. No hay palabras. En la familia Rivas Bravo hay dolor. Falta la luz de la cámara Paúl. (I)

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