Javier Ortega volvió a Ecuador para ser periodista

Javier Ortega volvió a Ecuador para ser periodista
FOTO: Facebook Javier Ortega

En la casa del periodista Javier Ortega hay silencio, que solamente se interrumpe con los ladridos de su perra Panchita. Ladra con desesperación detrás de una puerta de vidrio. Espera atenta a que regrese Javier, quien un día la rescató, y ahora la cuida. 

Han pasado 15 días desde el secuestro del equipo periodístico de El Comercio por grupos irregulares, vinculados a alias Guacho.

En ese grupo se encuentran el periodista Ortega, de 32 años, junto al conductor Efraín Segarra (60 años) y el fotógrafo Paúl Rivas (45 años).

Su padre Galo se sienta en la mesa del comedor. Escribe apuntes en una libreta cuadriculada de espiral. Cuenta que desde el 26 de marzo, cuando fueron secuestrados, la vida se le detuvo. "Nos han quitado el ánimo, la manera de vivir. Solo pienso en mi hijo y el anhelo que regresen nuestros seres queridos porque nos hacen mucha falta". Suspira, trata de contener el llanto, pero al final explota.

Al escucharlo a su padre, Alejandro, hermano mayor de Javier, baja la cabeza. Cruza los brazos, los aprieta fuerte y se mueve. Intenta ser fuerte.

Alejandro cuenta que el domingo 25 de marzo, Javier recibió la llamada a las 12:30, en donde le comunicaron del revelo por los compañeros que estaban allí desde hace una semana atrás. También le llamó su compañero a quien debía relevar. "Se alistó y lo vinieron a ver", dice Alejandro.

No era el primer viaje. Este era el tercero que realizaba. "Mi mamá ya lo notaba nervioso, porque el compañero a quien relevaba le había contado como estaban las cosas allá", cuenta.

Por la crisis económica de 1998, la familia Ortega migró a España. Primero lo hizo su madre, luego viajó una hermana. También viajó su padre. Fue el turno Javier y al final lo hizo Alejandro.

Javier Ortega vivió 7 años en Valencia (España). Regresó por su pasión por estudiar comunicación social. Empezó las pasantías en Últimas Noticias, en donde escribió las notas de las ligas barriales hasta que finalmente, por su profesionalismo, pasó a El Comercio y cubrió Justicia.

"En las reuniones familiares siempre le preguntaba cómo era su profesión", cuenta Alejandro.

Un hincha de Leo Messi

Sobre la cama de Javier hay ocho medallas de atletismo, el libro 'Las mejores anécdotas del Barca', un muñeco de la galleta de Gengibre y una cámara de fotos Nikon. Le gusta la fotografía y es una herencia de su padre, quien fue fotógrafo. Según Alejandro, su padre tuvo un estudio fotográfico en la Naciones Unidas por muchos años.

Arriba en una repisa hay libros, en donde se sostienen las fotos de Xavi Hernández, Leo Messi, Pep Guardiola y David Villa. Todos ellos cobijados por una bufanda del Barcelona de España pegada en la pared. "En sus días libres mira el fútbol y grita mucho que se le escucha, con seguridad, hasta la otra casa".

En la mesa de noche hay relojes, libros, apuntes, así como las credenciales de prensa de las coberturas. El deseo de la familia es que regresen. Le mandan fuerza. Gritan fuerte: #NosFaltan3, ese lema que Alejandro lleva pegado en su pecho.

Le mandan fuerza y esperan la hora de volverlo a ver y contarle estas experiencias como anécdotas. Eso les motiva. "Estamos siempre apegados a Dios y siempre estamos rezando. Es nuestra llama de fe y esperanza, no sabemos cuándo, pero sabemos que volverán pronto", exclama Alejandro.

Abajo sigue su padre Galo escribiendo. Lleva varias hojas escritas con sus apuntes. Música clásica le acompaña. Se para de golpe, sus apuntes caen y los recoge rápidamente. Tienen reunión en el ECU, en organismos internacionales, deben preparar vigilias... No se detienen. "¿Ya estás listo Alex?", le increpa su padre. "Tenemos que salir ya", dice, con fuerza, desesperación. Alejandro alcanza  a coger una chompa. Salen corriendo. (I)