Del Chimbacalle industrial a la modernidad

Chimbacalle se ubicó dentro del hipercentro de la capital con la llegada del Ferrocarril y las industrias.
Chimbacalle se ubicó dentro del hipercentro de la capital con la llegada del Ferrocarril y las industrias.
FOTO: Archivo / El Telégrafo

Las calles de Chimbacalle, barrio enclavado en la parte sur de Quito, fueron testigos del trajinar incesante que se formó con la llegada del Ferrocarril a este sector en el año 1908.

El Quito urbano de inicios de siglo pasado terminaba en la ribera del río Machángara. Al otro lado de este caudal se encontraba la parroquia de San Juan Apóstol y Evangelista, que con el pasar de los años se convirtió en la primera parroquia urbana de la ciudad y es el sitio en donde ahora se asienta Chimbacalle, cuyo significado es “cruzar a la calle de enfrente”.

Patricio Andrade, habitante del sector, comenta que este sitio se remonta a la época de la Colonia, puesto que por aquí atravesaba el Qhapaq Ñan o antiguo Camino del Inca, utilizado para el intercambio comercial y de información de aquellos días.

Con el inicio del siglo XX, el tren impulsado por el presidente Eloy Alfaro, llegó a transformar definitivamente la cotidianidad de Chimbacalle, que se convirtió en el centro neurálgico del tránsito comercial, el flujo de personas y la implantación de la primera zona industrial de Quito.

El trazado original, nos cuenta el gestor cultural Raúl Armendáriz, tenía que llegar hasta el parque El Ejido, centro norte de Quito, pero por falta de presupuesto y la difícil geografía de la ciudad de aquellos años, determinaron que el final del trazado sea Chimbacalle.

Los signos de aquellos años aún se conservan, como parte de la recuperación de la memoria histórica del sector. Es fácil encontrarse con las antiguas estructuras de las fábricas textiles, de aluminio y cobre, de sombreros o los Molinos Royal, que le dieron al sitio un constante movimiento.

Chimbacalle se convirtió en el núcleo que marcaba el ritmo de los sitios aledaños y de las provincias a escala nacional. Desde aquí llegaban y salían masiva y continuamente personas y productos que abastecían las necesidad de una pujante y creciente población, acota Andrade.

Un punto clave en el asentamiento y crecimiento es la ciudadela México. Este fue el primer conjunto habitacional desarrollado planificadamente y con financiamiento de la antigua Caja del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).

Xu modelo de construcción es una mezcla entre el colonial clásico del Centro Histórico de Quito, que incluía patios interiores, y lo republicano que aún se conserva, debido a que el barrio se encuentra pensado con un aspecto patrimonial.

Además este tipo de asentamiento barrial contempla la edificación de parques, centros educativos, iglesias y mercados que ayudan a que el sentido de comunidad y del compartir entre vecinos se multiplique.

El crecimiento de este sitio, que aglomera a una docena de barrios dio paso a la creación de la parroquia Chimbacalle, la tercera más grande a escala nacional, con una incidencia en la administración-política-municipal, que pertenece a la administración zonal Eloy Alfaro.

La expansión de la ciudad hacia el extremo sur, ubico a este barrio dentro del hipercentro de la capital lo que conllevó a una serie de cambios y una nueva transformación en la cotidianidad del lugar.

Las industrias en su gran mayoría tuvieron que emigrar y salir de los límites urbanos en busca de sitios que estén acorde a sus necesidades.

Andrade comenta que hasta hace dos años funcionaban aún los silos de los Molinos Royal y que aún perviven en la zona fabricas como la Yanapi, dedicada a la confección de sombreros con maquinarias de 1925 o la fábrica de utensilios para el hogar UMCO radicada desde 1950, quienes aún conviven con los vecinos de Chimbacalle.

Armendáriz califica a Chimbacalle como un sitio precioso y múltiple "en el cual se encuentra de todo”. Recalca que están empeñados en recuperar el río Machángara que bordea este barrio, porque mediante sus recorridos organizados, los visitantes  recorren sus atractivos y continúan pasando la historia que se niega a desaparecer.

Es un sitio súper conectado con el transporte público, por sus dos grandes avenidas: La Maldonado y la Napo pasan unas 39 líneas de buses. A esto se suma los centros educativos, lugares de esparcimiento, parques, sitios de comida, teatros, iglesias, centros deportivos y museos que hacen de Chimbacalle un sitio que se adaptó a la modernidad.

El reto de los actuales habitantes es no quedarse anclados a ese glorioso pasado y de la mano con las nuevas generaciones darle un nuevo impulso a este sitio que esconde entre sus calles miles de historias que aún tienen que ser descubiertas y aún esperan por ser contadas. (I)

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas: