Dolce Vita, tradición italiana de 30 años en Guayaquil

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Los helados de Dolce Vita tienen tanta tradición que son difíciles de olvidar. Aquellos jóvenes del colegio Cristóbal Colón, que los comían durante su época colegial, ahora regresan con toda su familia para deleitarse de su sabor único e incomparable.

La tradición tiene ya 3 décadas. Fue en 1983 cuando una pareja de italianos llegó a Guayaquil para poner una cafetería de comida italiana, allí nació Dolce Vita. Pero la pareja no se adaptó a la ciudad y al mes de inaugurar la heladería se lo vendió a sus amigos Isabel Cucalón y su esposo Juan José Lertora.

El local está ubicado en las calles Rosa Borja de Icaza y Maracaibo (frente al colegio Cristóbal Colón). Por su ubicación, han sido varios los personaje que han visitado esta heladería, entre ellos los exmandatarios Abdalá Bucaram y Gustavo Noboa, y también el periodista deportivo Andrés Guschmer, quien no olvida el dulce sabor de la copa Dolce Vita, la estrella de la casa.

Hemos conservado la misma línea italiana, salvo con ciertos toques para conservar la presentación y eso es lo que les gusta a los clientes”, señala María Isabel Cucalón, dueña del establecimiento.

Ella destaca que el éxito de sus helados radica en que son 100 % naturales, pues se usa pura pulpa de fruta fresca. Al momento tienen 22 sabores, entre ellos muchos únicos como el de pechiche, piña colada, canela, higo, nueces, y morocho.

Después de algunos años de funcionar solo como heladería decidieron incrementar la comida, porque había muchos clientes que preguntaban si es que había algo para comer. Entonces pusieron un menú de comida italiana con pasta, lasaña, ravioles, fetucini y spaghetti. Y ahora incluso hay almuerzos ejecutivos.

Ubicado en una de las zonas más opulentas de Guayaquil, como lo es El Centenario. Doña María Isabel comenta que le gusta mucho esta zona y “fue uno de los primeros barrios residenciales que hubo en Guayaquil. Me gusta porque es tranquilo y viven personas que son conocidas, por lo que tengo un número de clientes que siempre viene”, señaló.

Ella ha visto aumentar sus clientes, prácticamente han ido creciendo al igual que su heladería. “A veces no los reconozco porque llegan muy cambiados, un poco más gorditos, con menos pelo. Llegan con sus esposas, sus hijos. Son exalumnos del colegio Cristóbal Colón que venían cuando eran unos niños, y ahora siguen viniendo”, dice.

El sabor italiano destaca en el famoso barrio de El Centenario donde doña María Isabel Cucalón y sus hijos mantienen la tradición en sus helados. (I)

 

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