El Astillero, un barrio que está anclado en la historia de Guayaquil

La actividad del arreglo de embarcaciones se mantiene vigente en el barrio de El Astillero.
La actividad del arreglo de embarcaciones se mantiene vigente en el barrio de El Astillero.
FOTO: Foto: Danny Mera | et

El Astillero es uno de los barrios más emblemáticos de Guayaquil, no solo porque la historia de la urbe está íntimamente ligada a su casta naval de “Astillero Real” del Pacífico Sur, sino porque a partir del siglo XIX se convirtió en el barrio industrioso por excelencia, cuando la Calle Ancha del Astillero que luego se llamó Calle de la Industria (hoy Eloy Alfaro), abría trocha hacia el sur del Estero Carrión.

En 1930, escribía Modesto Chávez Franco, refiriéndose a la época de la Independencia: “Hacia el sur del nuevo Astillero habían varias fábricas de tejas, ladrillos y cacharros de barro, y las llamaban las tejerías y las ollerías […] También algunas curtiembres cuyos vertederos al río dieron mucho que bregar al Cabildo con los dueños de tales instalaciones pestilentes”.

El historiador-cronista habla de un “nuevo” Astillero porque durante casi toda la Colonia los constructores de barcos se ubicaron en el sector de La Atarazana, detrás del cerro Santa Ana. Pero a raíz de la edificación de San Alejo -que primero fue capilla y luego iglesia parroquial- la ciudad se extendió con nervio renovado hacia el sur.

La metrovía pasa por la calle Chile, una de las arterias del barrio de El Astillero. Foto: Danny Mera | et
La metrovía pasa por la calle Chile, una de las arterias del barrio de El Astillero. Foto: Danny Mera | et

La columna vertebral de este barrio de obreros y artesanos fue la Calle de la Industria. Allí se establecieron las primeras fábricas de Guayaquil (escobas, bebidas gaseosas, loza, hierro, confites), a finales del siglo XIX. El semblante proletario del Astillero se afirmó en 1905 con la creación de la Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica, que había sido mentalizada, años atrás, por dos visionarios de origen lojano radicados en Guayaquil: Manuel de Jesús Alvarado y Ulpiano Bejarano.

Otra empresa importante que se asentó en el Astillero fue Tranvías de Guayaquil, asociada a la Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica, y posteriormente a la Empresa Eléctrica del Ecuador Inc. Tranvías de Guayaquil administraba el servicio público del tranvía eléctrico, cuyas líneas atravesaban la ciudad de sur a norte y de norte a sur.

Pero la historia del Astillero está vinculada desde los años veinte del siglo pasado a la historia deportiva de la ciudad. Barcelona Sporting Club (1925) y el Club Sport Emelec (1929) nacieron por iniciativa de inmigrantes europeos que impulsaron el cultivo de deportes como el fútbol, el béisbol y el box. Con el paso del tiempo se multiplicaron los triunfos y la idolatría creció a nivel local y nacional.

El recordado filántropo estadounidense George Capwell impulsó la construcción del estadio que lleva su nombre –inicialmente sería un diamante de béisbol-, imponiéndose un hito de gran magnitud en el Barrio del Astillero, pues el Capwell fue, durante muchos años, el único estadio de fútbol que tuvo Guayaquil.

El parque España es uno de los atractivos del barrio de El Atillero. Foto: Danny Mera | et
El parque España es uno de los atractivos del barrio de El Atillero. Foto: Danny Mera | et

La presencia de los extranjeros siempre fue una marca inconfundible del Astillero, quienes impusieron elementos de su cultura, desde los chalets –hoy prácticamente desaparecidos- hasta las asociaciones deportivas. Así, por ejemplo, el Club Barcelona tomó ese nombre por los catalanes del barrio que se organizaron para administrar su tiempo libre.

Españoles, franceses y principalmente italianos fueron pioneros en el establecimiento de grandes industrias como La Universal, de Segale y Norero, que se perfeccionó en la elaboración de chocolates, galletas y caramelos, al igual que La Italia. También las fábricas de aguas gaseosas Fioravanti (la más antigua, cuyo nombre lleva el apellido del propietario original) y La Frutal (de los dueños del castillo Espronceda -foto-) contribuyeron a incrementar el primer capital industrial de la ciudad.

Castillo de Espronceda, ubicado en el barrio de El Astillero. Foto: Danny Mera | et
Castillo de Espronceda, ubicado en el barrio de El Astillero. Foto: Danny Mera | et

Finalmente, no hay que minimizar el aporte de los carpinteros de ribera, artesanos mantenedores de una tradición de alta precisión técnica que sostuvo por siglos la buena fama de los astilleros guayaquileños.

Los últimos varaderos del barrio del Astillero aún se resisten a desaparecer porque testifican una historia de vocación marítima grabada con fuego en la memoria de quienes conservan el recuerdo de alguna experiencia vivida en este barrio esclarecido. (I)

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