La iglesia que se opuso al "diablo rojo"

Fotografía que muestra la iglesia cuando funcionaba en la estación del tren.
Fotografía que muestra la iglesia cuando funcionaba en la estación del tren.
FOTO: Fotos: Cortesía

Una iglesia blanca de cemento, en medio de un parque y con cuatro ventanas hacia el exterior guarda más valor del que pareciera. Tiene más de cien años, es un santuario y allí fue párroco el obispo castrense René Coba. Pero no, eso no es lo más importante de la capilla.

La iglesia de San Juan de Apostol de la Divina Misericordia de Chimbacalle, en el sur de Quito, no siempre estuvo en las calles Iliniza y Llanganates. Su ubicación original fue en la que actualmente es la estación del ferrocarril. Esto generó  problemas entre la Iglesia Católica y el Estado.

En donde hoy es el museo del tren había una capilla que data aproximadamente de 1870. Estaba en el terreno que Eloy Alfaro construyó la estación de Chimbacalle. La comunidad religiosa se opuso desde un primer momento a la llegada del ‘diablo’.

“El ferrocarril era el diablo (por su color rojo) que venía echando humo y era el avance de las ideas liberales de Alfaro”, explica Raúl Armendáriz, vecino del barrio. Así surgió el debate entre las autoridades: El tren o la iglesia.

La población necesitaba del que era el nuevo sistema de transporte para la época. El ferrocarril transportaría personas y recursos. Por otro lado, la religión era un punto importante dentro de la sociedad, el respeto hacia los símbolos católicos era fuerte.    

La disyuntiva también simbolizaba las diferencias ideológicas entre dos personajes de renombre en el Quito de 1900. El entonces presidente Eloy Alfaro y el clérigo Federico González Suárez.

Patricio Jaramillo guarda fotografías de 1908, en las que iglesia y estación compartían el mismo sitio. Su cercanía incomodaba a los feligreses que estaban rodeados de pasajeros y obreros del tren, lejos de la tranquilidad de años anteriores.

“¿Qué hacemos?”, se preguntaban. La solución fue trascendental. Estado e Iglesia negociaron. Finalmente el tren se quedó y la capilla fue trasladada tres cuadras más arriba.

Hicieron un pacto en el que el Gobierno se comprometía a pasar la iglesia tal cual estaba abajo hacia un terreno que era parte de la hacienda la Villaflora. Daniel Gallardo, presidente de la Cofradía, destaca que fue uno de los primeros acuerdos entre dos instituciones con relación distante durante principios de siglo.

En 1917 finalizó el cambio de sede y desde entonces la iglesia no se ha movido más. Fue replicada a imagen y semejanza del edificio original, a excepción de un ala que por motivos de espacio no alcanzó en el nuevo espacio físico. (I)

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