Los muros de La Floresta guardan arte, identidad y tradición

Los murales forman parte de la identidad de La Floresta.
Los murales forman parte de la identidad de La Floresta.
FOTO: Fotos: Medios Digitales

La vida artística de La Floresta se refleja en los muros de sus avenidas y calles donde se pueden encontrar obras de Mo Vasquez, Smok, Apitatan, Bego, Suerte, Tayta, Irving Ramo, Bln Bike, Skiper, entre otros.

Solo al recorrer la avenida La Coruña se puede encontrar varios murales que hablan de distintas temáticas como la belleza y tradición de Quito, el poder de la naturaleza, el valor de la mujer, entre otras.

Uno de los murales que más resalta es el que pintó el artista Xavier Calderón (quien firma como eskiper) en la esquina de la Coruña y Francisco Salazar. Se trata de la representación de la virgen del Panecillo, uno de los monumentos más importantes de Quito.

Más adelante, por la misma vía, se encuentran otros tres murales más de este artista: unas coloridas flores, que alegran una casa medio abandonada;  un animal; y unos trazos de naturaleza que empatan con una esquina de un edificio cuya construcción no se ha podido concluir.

En 2017, cuando el barrio cumplió 100 años, se pintaron siete murales como parte del Festival de Muralismo Arupo, que organizó Calderón. Para ese entonces los vecinos se unieron brindando los muros de sus casas para que el arte se expandiera en este barrio. Esto porque los murales son vistos como un aporte a la identidad del barrio.

Pero no solo se pintan los muros sino también los tejados, las ventanas y alguna que otra casa abandonada, siempre y cuando exista una temática y una razón.

Calderón explica que siempre se gestionan los permisos necesarios y se buscan murales en los que se pueda interactuar, es decir, muros en donde se pueda contar una historia o que gracias a los trazos que se pinten en ellos armonicen la esquina o la calle.

Un ejemplo de ello se dio en la esquina de las calles Lugo y Madrid donde ahora aparece la imagen de Amaru (una deidad inca) que cambió completamente el lugar. Este mural lo pintó la artista chilena Sally con la ayuda de 12 niños del barrio.

“Esa esquina siempre estaba llena de basura y la gente la usaba como baño público. Después de que se pintó el mural la gente dejó de ensuciar esa esquina. La idea de usar una deidad funcionó perfectamente”, explicó Calderón.

En la Guipuzcoa y Mallorca se puede ver otro de los trabajos colaborativos que tenían un mensaje. Se trata de un mural lleno de animales, que se pintó por el Festival  Indómita de la Amazonía, y que resalta la diversidad natural del país.  Frente a este también se encuentra una colaboración de artistas que participaron en el libro Sensorialarte.

En otros muros también se encuentran obras en solitario y otras colaborativas. Todas han sido realizadas con el permiso de sus dueños, algunos incluso han pedido a los artistas que pinten sus paredes para darles un toque especial. Lo cierto es que La Floresta llena sus muros de diversidad. (I)

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