La riqueza de El Vergel también está en sus casas

Las columnas de las casas eran usadas para amarrar a los caballos.
Las columnas de las casas eran usadas para amarrar a los caballos.
FOTO: Miguel Arévalo/El Tiempo

Recorrer las calles angostas del barrio El Vergel es retroceder al pasado. Sus portales y grandes columnas guardan historias que se han tejido a lo largo del tiempo entre quienes habitan este lugar.

Mercedes Merchán, quien tiene más de 50 años, nació en este barrio. Recuerda que en su infancia los portales de las casas eran utilizados para amarrar los caballos de las personas que llegaban a Cuenca.

“A medida que llegaban los viajantes dejaban sus animales en fila sobre las veredas de cada casa y atados unos a los pilares y otros a grandes troncos que habían en cada taller”, recuerda.

Este recuerdo de Mercedes era una constante por las características que presentaban las casas del sector. Así lo reseña la investigadora cuencana Cecilia Ulloa en su publicación titulada La vida en las herrerías.

“Las edificaciones del barrio presentaban, en su gran mayoría, estructuras de un solo piso, tenían portales con poyos en la parte anterior de la construcción. Este lugar servía para las actividades sociales y laborales, especialmente para herrar los caballos; otra parte de las casas se ocupaba como taller y el resto como vivienda”, reseña.

Aunque varias de las características de antaño ya no son conservadas, sus portales y los materiales con los cuales fueron construidas sí. En la calle Las Herrerías no es extraño ver, por ejemplo, las casas de paredes de adobe, bahareque y con techos cubiertos de tejas, con grandes patios interiores, y columnas de madera que sostienen el segundo piso.

La casa de Chaguarchimbana

Una de las edificaciones que sobresale en el barrio es la casa de Chaguarchimbana, ubicada en el fondo de la calle de Las Herrerías, en donde funciona un centro cultural municipal.

Su techo está cubierto de teja, sus balcones con pasamanos de madera y largas columnas (también de madera) que inician en el tercer piso y terminan en la planta baja, sin dejar de lado la tradicional cruz de hierro en la punta del tejado.

Esta vivienda data de finales del siglo XIX y comienzos del XX, inventariada como bien patrimonial de la ciudad y en su época fue lo que se conoce como una casa-quinta, es decir una vivienda que no estaba ni alejada de la ciudad pero tampoco era parte del casco urbano.

Según la publicación La vida en las herrerías, Antonio José Valdivieso se convirtió en 1875 en el propietario de este lugar y en 1908 pasó a manos de Florencia Astudillo Valdivieso.

Recuperación del patrimonio

En un afán por mantener el patrimonio del sector, en 2018 un total de 21 viviendas entraron en proceso de recuperación a través de un proyecto que fue ejecutado entre la Universidad de Cuenca y el Municipio.

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