San Juan es el balcón quiteño

Vista hacia la ciudad de Quito desde el mirador de San Juan.
Vista hacia la ciudad de Quito desde el mirador de San Juan.
FOTO: Carlos Rodríguez/Medios Digitales

Desde la casa de doña Teresita Quevedo, ubicada en las calles Habana e Independencia, se tiene una mirada hermosa de toda la ciudad. Desde allí se divisa el centro, el norte y el sur de Quito, no por nada a San Juan se lo conoce como el balcón quiteño.

Teresita quiere mucho a su barrio, allí nació, allí se enamoró, se casó y crió a sus cuatro hijos. En esa misma calle, antes empedrada ahora de asfalto, aprendió todo lo que sabe. Su amor por el barrio es tan grande que fue parte de la directiva en dos ocasiones y en 1990 escribió el libro “El Balcón Quiteño: una historia de San Juan”.

Indica que lo que hace tan especial al barrio es el lugar. Los Incas construyeron allí el templo de la luna (quilla) un sitio de adoración a este importante astro, que se encarga de marcar los ciclos de la vida. El templo funcionaba en lo que ahora es el convento de los Agustinos.

La loma de San Juan estuvo habitada en sus primeros años por población indígena no muy numerosa. Al comienzo del siglo veinte empezaron a asentarse en el lugar principalmente las personas de bajos recursos, por el difícil acceso a la zona y porque no se contaba con  los servicios básicos. Los vecinos con su propio esfuerzo fueron quienes arreglaron sus calles y empezaron a trabajar por las obras.

Teresa Quevedo muestra el libro que escribió sobre la historia de San Juan. 

En los 60 y 70 empiezan las obras importantes para el barrio como el empedrado de las calles, el servicio de agua y alcantarillado, además de la construcción de algunas escalinatas para facilitar el acceso de los moradores. También se consiguió que los buses lleguen más arriba.

Doña Teresita relata todos estos hechos en su libro, recogiendo algunos testimonios de la época. Y resalta que no hay vista como la de San Juan. “La mirada es hermosísima para cualquier parte de nuestro Quito. Además es muy fácil de llegar a cualquier lado a San Roque, al Tejar, al centro histórico, a la Alameda, al Ejido. Yo le amo a mi barrio”, dice orgullosa.

Ella recuerda que en las fiestas de Navidad se celebraba con bombos y tambores. Se hacían grandes desfiles y participaba toda la gente del barrio. También recuerda con nostalgia como se celebraban las fiestas de San Juan en junio y como los vecinos trabajaban juntos para sacar adelante al barrio, haciendo mingas para ponerle más bello.

La vista desde una de las terrazas del barrio de San Juan.

“Lo importante de mi barrio es la acogida que tenemos. Somos solidarios, tenemos un corazón muy grande para dar información a las personas que no conocen, y no tenemos ninguna dificultad para orientar a las personas. Son bienvenidos a mi barrio”, dice.

Algunos de los iconos arquitectónicos del barrio son la Basílica del Voto Nacional, que tiene un estilo neogótico y que fue construida con piedras sacadas del Guagua Pichincha. El Convento de las monjas agustinas, edificación que data del siglo XVII y originalmente fue recoleta de los agustinos. Y el Centro de Arte Contemporáneo, que funciona en el edificio del Antiguo Hospital Militar. (I)

 

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