Scooby y Nena son los guardianes de una fábrica abandonada

Scooby es mediano, tiene los ojos negros y un pelaje café con unas sombras negras sobre su lomo.
Scooby es mediano, tiene los ojos negros y un pelaje café con unas sombras negras sobre su lomo.
FOTO: Dayana Vinueza

Scooby es mediano, tiene los ojos negros y un pelaje café con unas sombras negras sobre su lomo. Nena es más pequeña, su pelaje combina con sus grandes ojos azabache. Ella es más negrita, en su panza y patas tiene un color café más claro que el de su compañero.

Ambos son muy amigables, nos mueven la cola mientras ingresamos a la fábrica que resguardan, pero pueden ser muy bravos si ven a algún desconocido merodeando por el lugar sin permiso. Milton se encarga de ellos, les da de comer y también les regala mimos. Si este guardia les dice que ataquen ellos están prestos para clavar sus dientes en los infiltrados.

Scooby y Nena se encargan de vigilar la que fue la fábrica de la cerveza más famosa del Ecuador, ubicada en el barrio de La Magdalena, al sur de Quito. En el amplio terreno entre las calles Rodrigo de Chávez y 5 de Junio, aún permanecen los grandes silos, donde todavía se puede leer las letras de Pilsener. La fábrica actual de esta empresa ahora se encuentra en Cumbayá, al noreste de la capital ecuatoriana.

En los profundos huecos todavía se puede divisar la cáscara de la cebada, que se utilizaba para elaborar la cerveza. El techo y las paredes que cubren los silos se encuentran deteriorados y lleno de grafitis. A muchos les gusta subir ahí a escondidas de los guardianes, y es que desde arriba hay una vista increíble de la ciudad.

En las oficinas todavía hay algunas computadoras de antaño, una caja fuerte muy pesada y antigua. Muchos documentos regados en el piso, en los que se detallan algunos balances financieros, y también la compra de insumos o las tarjetas que timbraban los trabajadores, estas datas de  1976, 1978 y 1994.

Los vigilantes de cuatro patas nos siguen a todos lados, no temen subir escaleras, o meterse en la oscuridad del gran almacén. Ellos hacen muy bien su trabajo, tan bien que incluso han estado en peligro varias veces.

El papá de Nena murió mientras vigilaba la fábrica. Cuando vio un desconocido no dudo en morderlo en la pierna, el sospechoso se sacudió y lo tiro por uno de los huecos en la parte alta, así terminó su valiente tarea.

“El si era más bravo, sabía defendernos si había algún extraño. La Nena también es brava, si yo le digo ella ataca. El Scooby también muestra los dientes cuando yo le digo”, cuenta el guardia encargado de la fábrica.

Ahora ya no le pertenece a la cervecería, pero como los silos son considerados patrimonio de la ciudad no les ha sido posible construir a los nuevos dueños. Mientras tanto pocos siguen disfrutando la vista que hay desde la parte de arriba y admirándose con lo que fue esta fábrica en sus años prósperos.

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