El Vergel, un barrio que nació con la forja

Vista panorámica del ingreso a la calle de Las Herrerías, la más icónica del barrio El Vergel.
Vista panorámica del ingreso a la calle de Las Herrerías, la más icónica del barrio El Vergel.
FOTO: Miguel Árevalo/El Tiempo

Por Edy Pérez/El Tiempo

El constante ruido del martillo contra el yunque era el despertador de Celia Gallegos. Ella nació en el barrio El Vergel hace más de 40 años, cuando todavía se conservaba el principal eje económico con el que nació el sector: la herrería.

Este rincón cuencano albergaba la gran mayoría de los talleres de forja y por eso empezó a ser conocido popularmente como el barrio de Las Herrerías, aunque su nombre es El Vergel. Los historiadores Cecilia Ulloa y Diego Arteaga coinciden en que fue fundado por herreros.

Los profesionales comenzaron a ubicarse en este sector a partir de los primeros años del siglo XX, aunque anteriormente estaban dentro de la traza colonial de Cuenca, en San Blas y San Sebastián, “conocidas como parroquias de indios y eran lugares por donde pasaban obligatoriamente los viajeros y arrieros que necesitaban los servicios de estos artesanos”, explica la investigadora Ulloa.

Pero pronto, los profesionales se dieron cuenta de que sería productivo mudar los talleres a la entrada de la ciudad pues -relata Ulloa- durante la primera mitad del siglo XX el ingreso a Cuenca era a través del actual puente de Gapal.

Por esta razón los viajeros aprovechaban este punto para la reparación de los aperos de las bestias, especialmente de sus herrajes, mientras que sus dueños iban a la feria de San Roque o San Francisco a vender sus productos y proveerse de otros.

Gallegos asocia los recuerdos de su infancia con los sonidos de la forja y la fragua. Su padre era uno de los herreros que continúo con la tradición y que tenía el taller en el patio de la casa. Todavía la familia Gallegos conserva la tradición y tienen activo uno de los 12 talleres de forja que están a lo largo de la calle principal de El Vergel, Las Herrerías.

La plazoleta es parte esencial de este barrio, como un punto de encuentro de niños, jóvenes y adultos. 

Cuenta el historiador Diego Arteaga que que la actividad herrera se inició en América con la conquista española, pues antes de este evento no existía tradición indígena en estos “menesteres, ante la ausencia de ganado caballar y mular”.

Fue debido a la introducción de estas especies, así como también de nuevas técnicas para la agricultura en las tierras conquistadas, que se inició la elaboración y el mantenimiento de elementos relacionados de forma directa con los aperos de las acémilas, herramientas necesarias para el trabajo de la tierra y algunos utensilios de uso doméstico, agrega Ulloa.

También elaboraban elementos para decorar la iglesia del sector y las viviendas que se caracterizan por tener una cruz tallada en hierro en sus techos. La forja en hierro forma parte de la historia, cultura, arquitectura y tradición de Cuenca y por eso, los vecinos de El Vergel intentan conservar esta tradición.

Ulloa asegura que para el año 1950 el trabajo artesanal del hierro, sobre todo del herraje, comenzó a decaer por la considerable disminución del uso de acémilas para el transporte, debido a la introducción del automóvil.

“Con el apoyo de la industrialización y la formación de la Empresa Eléctrica de Miraflores S.A., que permitió un mayor y mejor abastecimiento de energía, las formas tradicionales en el forjado del hierro comienzan a desaparecer; los artesanos inician la utilización de soldadoras, tornos, dobladoras, etc., que ocasionaron un cambio en la manera de elaborar las distintas artesanías”, relata.

La tragedia y la Iglesia

El presidente del barrio, Segundo Gallegos, destaca que dentro del sector fue muy importante una capilla de adobe, que fue construida bajo la dirección del padre Julio Matovelle. En esta ermita se veneraba a la Virgen del Vergel, cuya imagen fue traída por el sacerdote desde Europa, dicha ermita estuvo a cargo de los Padres Oblatos, puntualiza otra investigación de Ulloa.

La tradición oral del sector, la misma que repiten los mayores y más jóvenes vecinos, es que la noche del 3 de abril de 1950, justamente un Lunes Santo, una creciente del río Tomebamba que está frente al barrio, inundó gran parte del barrio y destruyó algunas viviendas.

En el lugar había un puente conocido como Ingachaca, recordó uno de los vecinos más antiguos del sector, Luis Maldonado, durante una entrevista anterior, y recordó que el puente fue arrasado por la crecida y en medio de la emergencia el agua también estaba llevándose la iglesia.

Por esto tres pobladores del barrio corrieron a salvar a la imagen, fue así que Maldonado, Miguel Roldán y Ricardo Cornejo lograron rescatarla y depositaron el cuadro en la casa del señor Felipe Roldán, hasta que pasó la inundación.

Arquitectura

Las calles angostas y peatonales son un plus de este barrio que guarda gran riqueza histórica

La arquitectura del sector de la calle Las Herrerías, la principal del barrio El Vergel, se ha conservado, según coinciden los vecinos más antiguos del sector. En un recorrido hecho por esta calle se observaron las viviendas que mantienen sus fachadas, que se caracterizan por tener balcones floridos y portales con pasillos largos.

Pero con el pasar de los años el frente ha sido mejorado. La historiadora Ulloa asegura que las reformas se hicieron sobre todo fue a partir de diciembre de 1999, año en que Cuenca fue declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Sin embargo, hay que reconocer que muchas de las casas fueron remodeladas en sus interiores, relacionados con la ampliación de las edificaciones, con el fin de adecuar nuevas habitaciones para el arriendo, hacer restaurantes ya que este ingreso extra.

Ahora esta calle de Las Herrerías es más llamativa por los locales de comida tradicional quimbolito, humitas, tamales que por los talleres de hierro, pero sus habitantes, como Los hermanos Gallegos combinan la tradición de la artesanía con los emprendimientos gastronómicos que le dan vida al sector.

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