El ville tiene su “hueca” en La Magdalena

Lucila Correa Caiza prepara ville en La Magdalena hace 45 años
Lucila Correa Caiza prepara ville en La Magdalena hace 45 años
FOTO: Cristina Carranco

Son las 13:00 y la paila ya se retira de la hornilla para llevarla a lavar. Nos quedamos con las ganas de probar el 'ville' que doña Lucila Correa Caiza prepara. Sin embargo, su cálida sonrisa invita a entrar en su negocio.  

“Fonda Patricia” se ubica sobre la calle Zaruma, hacia el occidente la transitada Mariscal Sucre, en el sur de Quito. Los taxistas más experimentados conocen de memoria su local y constantemente llegan con pasajeros para saborear este plato tan deseado.

El ville es el feto de vaca, es decir, el ternero no nacido. Muchos le atribuyen propiedades milagrosas. Lucila afirma que incluso los médicos recetan de vez en cuando a sus pacientes que ingieran este menú.

Con 66 años de edad, 45 de ellos cocinando este platillo, recuerda el tiempo con su madre como si hubiera sido ayer. Ella preparaba este plato, además de otros. En la Noche Buena este plato era infaltable en su venta en La Magdalena.

La tradición continúa. Pero en temporada navideña esta carne escasea. Doña Lucy cuenta que acude a uno y otro sitio para encontrarla. No es una fácil ni barato, por eso tan pronto encuentra la lleva a su local, la aliña y la congela para tener siempre qué ofrecer a sus clientes.

El local está abierto desde las 06:00 de lunes a sábado y es importante llegar antes del mediodía para deleitarse de esta preparación.

Al siguiente día

Eran las 08:30 y parecía que la “oleada” de clientes había pasado, pero en pocos minutos todas las mesas estaban ocupadas, incluso muchos compartían con desconocidos a falta de puestos.

“Seño, póngale más caldito”, pide un hombre mientras estira su plato. En otra mesa un niño espera con ansias su porción. Se nota que no es su primera vez.

Lucila manda a hornear el ville en leña durante toda la noche y madrugada. La carne lista llega a primera hora. Los platos cuestan entre $2.50 y $3, todo depende del gusto de la persona. Una pide más carne, otra más huesos, incluso piden la cabeza del animal.

Hasta esta “hueca” llega gente de todas partes de la ciudad, y hasta de la provincia.

La “seño” Lucy asegura que los jóvenes se sorprenden cuando prueban este plato por primera vez porque el sabor es similar al del hornado. Ella espera que sus hijas continúen con la tradición mientras que sus nietos esperan ansiosos a que su abuelita sea famosa y más personas lleguen al local. (I)

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