Las coplas y las tunas se abren paso en Ecuador

Las coplas y las tunas se abren paso en Ecuador
FOTO: EFE

Con su típico atuendo de terciopelo negro y pose de trovador, jóvenes de tres universidades han recuperado en Ecuador el legado de las tunas, una tradición que en las últimas décadas parece haber echado raíces en el Nuevo Continente.

Con el laúd, la bandurria, la guitarra, la mandolina y la pandereta, alegran a transeúntes por las avenidas de Quito con coplas y tonadas que, en la mayoría de las veces, dedican al amor.

"Nos suelen decir que somos mujeriegos, nocheriegos, andariegos, pero siempre con una presencia de caballeros", alega Alex Villavicencio, miembro de esta tuna de la UTE desde mediados de 2018.

Aunque la presencia de las tunas universitarias se consolida a principios del siglo XVI, una versión anterior podría remontarse a tradiciones españolas de los siglos XIII y XIV, cuando estudiantes de pocos recursos recurrían a su dotes musicales y picardía para tocar y cantar a cambio de comida y hospedaje.

Costeaban así su paso por la universidad y unas vivencias callejeras -muchas veces trasladadas después a su propia música- en las que deambular de una ciudad a otra eran algo común.

Vestido con el jubón, el abullonado, las calzas, la capa y los zapatos negros de hebilla, y con una beca de color rojo intenso, Mauricio Viteri, de 46 años y director de la tuna de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador, PUCE, explicó a Efe que la agrupación sigue manteniendo una función importante de cortejo, tal y como ocurría antaño.

"Los tunos ofrecían serenatas y las mujeres se sacaban las cintas del cabello para regalarles como símbolo de que les gustó", cuenta al explicar el porqué de las cintas que engalanan la capa del tuno. EFE

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